Cuatro semanas en el valle de Soba

¿Eres de los que disfruta en la montaña? En este post escribo y comparto una página de mi diario, la del último día, en la que cuento mi experiencia vacacional en la tranquilidad de una montaña del valle cántabro de Soba. 

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Domingo 28 de agosto de 2020, Día 23 en el Valle de Soba a las 10:30 AM

Esta última mañana me recuerda mucho al primer día. Café con leche caliente a mi derecha, sobao pasiego (marca “el Macho”) a mi izquierda y en el centro: diario y pluma. Estoy debajo de una reunión pacífica de cuervos que vuelan en un mal trazado círculo; sentado en mi silla de camping frente a la cabaña de piedra que nos ha resguardado del viento, del frío y también del poco calor las últimas cuatro semanas. A mis pies, tengo a mi fiel y dulce Lana, ya recuperada de sus valientes aventuras. Y el sol está bañando mi cuaderno junto a todo el valle de Soba. Esta última mañana de vacaciones me recuerda mucho al día que llegamos llenos de ganas de cambiar de aires.

Nos acompañan en este último día los paseantes, ciclistas y motoristas que circulan por la carretera cercana. Al verles recuerdo a todos los que han frecuentado nuestras cercanías. Sobre todo a las vacas, las yeguas, los becerros y los potrillos. Recuerdo a aquel zorro intrépido que se acercó hasta la valla para cotillear y al valiente cervatillo pequeño que cruzó torpemente la carretera. Me doy cuenta ahora de lo cerca que hemos estado de la naturaleza y los animales, de los árboles y su madera, del agua y su ciclo. No olvidaré el Fresno ni el Avellano; ni los días bañados por la lluvia, las cascadas o la fuerte corriente del mar en las rías de Isla.

Hemos disfrutado del frenesí de los días intensos y aceptado la excesiva calma de los días de descanso. Hemos explorado zonas desconocidas fuera y dentro de nosotros y ahora ya toca marchar.

Estas cuatro semanas de vacaciones han sido un sueño cumplido, un aprendizaje profundo que ya está grabado para siempre en nuestras vidas. Hemos estado el tiempo suficiente para darnos cuenta de que nos encanta nuestra vida en el día a día; de que amamos el lugar donde vivimos, su temperatura, su olor y sus gentes, sus bares, nuestra casa, nuestra cama y nuestro sofá. Hemos disfrutado mucho aquí pero también tenemos, de nuevo, ganas de cambiar de aires. 

Recordaremos, los tres, estas vacaciones como uno de los agostos más fríos que hemos vivido, llegando a los 12 grados algunas noches. Me quedo con ganas de pocas cosas y eso es bueno, porque significa que hemos aprovechado al máximo. Estoy seguro de que algún día, cercano o lejano, pasaremos por aquí de nuevo y por eso me he animado a escribir estas líneas; para el recuerdo y para ayudar o inspirar quizá a algunos que me pregunten por esta bonita y desconocida zona de España.

Lo que no te deberías perder si vas

Lo mejor del Valle de Soba ha sido la gente. Si vuelvo, lo primero que haría sería pasar a saludar a la familia que nos alquiló la cabaña; su calidez y cercanía han hecho multiplicar lo bueno de esta experiencia. Las conversaciones con todas las personas que nos hemos cruzado han sido agradables y llenas de ayuda e información interesante. No me iría otra vez sin compartir cinco minutos de conversación con alguien.

De la gastronomía me apunto repetir: el menú de Juan Briza (La Gándara), los quesos “Axia de Soba” (Aja) y “Quesoba” (Sangas), la tortilla del bar La Colina (La Gándara), la cecina de la “Bodega Casamontaña” (Valle) y volver (para una celebración) al restaurante “El Ronquillo” (Ramales de la Victoria).

Las actividades que hemos hecho han sido básicamente: andar, visitar lugares y andar. Por eso te recomendaría la ruta de “Vuelta la Colina” (siete horas tardamos) y la del nacimiento del río Asón que es fácil y muy bonita (tres horas ida y vuelta). Las vistas desde el puerto de Sía son espectaculares y si te pierdes por caminos podrás ver cascadas, viejos molinos abandonados y zonas vírgenes de turismo.

Lo último que no te deberías dejar de hacer si te acercas al valle es dedicar tiempo a descansar y a tus hobbies. Es un lugar perfecto por la tranquilidad y porque de la noche a la mañana baja la niebla y ya no puedes pasear. En cuatro semanas ha habido tiempo para estar cada uno a lo suyo. Yo he aprovechado al máximo las imponentes vistas del valle a mil metros de altitud con la guitarra, componiendo, escribiendo, pensando, comiendo, bebiendo y leyendo. Ha habido tiempo para los hobbies, para las siestas, para el descanso y los pequeños paseos por las cercanías.

Lugares cercanos al valle de soba para visitar si estás mucho tiempo

Como buenos madrileños hemos visitado el mar. No podemos ir a un sitio que tenga el mar a 45 minutos e irnos sin darnos mojarnos el bañador (varias veces). Al viajar con perro se hace más difícil la elección del lugar y se reducen mucho las posibilidades. Hemos estado en Isla, Santoña, San Vicente, Noja y Laredo. Bañarnos sólo nos han dejado en los tres primeros municipios.

Voy a recordar con especial cariño a Santoña y no solo porque tenga varios monumentos al perro de agua, sino porque el ambiente era extremadamente agradable, familiar y cercano; aún teniendo la obligatoriedad de llevar mascarilla. 

También hemos visitado el centro urbano de Bilbao que está menos de hora y media y algunos pueblos del norte de Burgos. 

Sobre el Valle de Soba

Parece que “sobao” (dulce de mantequilla y azúcar) viene de Soba, pero en realidad he escuchado que viene del valle de al lado, la zona lebaniega. Soba es un valle entre montañas de piedra caliza moldeado bajo el mar hace miles de años, remoldeado en la época glaciar por el deshielo, y vuelto a retocar cada año por el agua y por la flora silvestre. 

Rodeando al valle se encuentran más de veinte municipios con pueblos de menos de 50 habitantes (la mayoría). Las casas antiguas son de piedra hasta el tejado, las más auténticas de la zona tienen una escalera de entrada con columna y pequeñas construcciones cercanas como el horno de pan en el que, remodelado, hemos pasado nuestras vacaciones de 2020. De los municipios, barrios o aldeas que lo componen destacaría: Aja, Cañedo, Arredondo, Hazas de Soba (por su fuente) y el centro de reunión de la zona: La Gándara. Fuera del valle, pero al lado, está Ramales de la Victoria que es un pueblo más grande, con supermercados, lavanderías y casi de todo.

La actividad principal de la zona es la ganadería, las vacas. También hay otros oficios antiguos como los que trabajan la madera y el queso. Y poco más que decir.

Conclusión final

Después de revivir los días de vacaciones viendo las fotos y leyendo mi diario. Me doy cuenta de que han sido unas vacaciones estupendas. Volveremos.

Para el recuerdo dejo una composición propia que es la del vídeo de arriba 🙂